|

(A Germán Gatica que me facilitó su ejemplar de este libro,
y leí de “una sentada” en un banco de madera
de una cabaña en Villa Gessell)
OSCURA MONÓTONA SANGRE de
Sergio Olguín
Tusquest Editores, 2010
Con un jurado presidido por Juan Marsé (español) e integrado por Almudena Grandes
(brasileña), Jorge Edwards (chileno) , Elmer Mendoza (mexicana)y Beatriz Moura (española), esta
obra mereció el primer premio en el “V Concurso de Novela realizado por la Editorial Tusquest, y su
autor el escritor argentino Sergio Olguín (1967), se llevó sus 30.000 euros, muy bien ganados.
El personaje principal de la novela es Julio Andrada, un hombre que se inventa a sí mismo
y, que de la nada, emerge de su marginalidad social y económica, hasta lograr ser el dueño de una
fábrica en Lanús. Una posición sólida en lo material, un matrimonio con dos hijos, un piso en barrio
norte y el mejor auto, no le alcanzan para sentirse pleno. Lo que había imaginado que sería una vida
perfecta, lo que él creía que un hombre debía tener para ser respetado en la comunidad, no le alcanza
n y como si un demiurgo interior condujera sus pasos, comienza una doble vida, entre su entorno de
Barrio Norte y la villa 21, dos mundos opuestos, y una obsesión: ser felíz.
La relación con su mujer no es más que una estructura superficial, casi no hablan y el
sexo es una obligación más en su universo del “deber ser”, con un hijo varón que no tiene el menor
interés en insertarse en la fábrica y una hija mujer rebelde a los valores del padre, el personaje flota
entre dos aguas: su entorno de respetabilidad en Barrio Norte y su sentimiento de culpa y felicidad
que le brinda una adolescente de la Villa de Emergencia 21.
Lo interesante de la mirada de Olguín de estos dos mundos contrapuestos, es que
patentiza ese sentimiento contradictorio de odio y fascinación que cada clase social siente por la otra
y nos muestra que la vida humana no tiene el mismo precio en los grupos que detentan el poder en
detrimento de los marginados. El valor asignado a la vida, es diferente según la
clase de pertenencia.
En lo formal, una prosa precisa y un ritmo de vértigo que hace que el libro no se pueda
abandonar hasta el final.
El contrapunto final nos mantiene en vilo, por este antihéroe desesperado que en su afán
por una bocanada de vida se enfrenta a los lobos.
|